Vino y Pintura
La primera: una escena para toda la mesa, y ninguna luna igual a otra.
Edición #1 · 11 de julio de 2024 · Un evento de Diego Severini, en DEPT® Mar del Plata
Esta historia no arranca con un taller. Arranca en abril de 2024, cuando sin ninguna experiencia me compré unos acrílicos y me puse a pintar en casa. Soy Diego, y el primer caballete lo compartí con mi hija: ella pintaba en el suyo, yo copiaba tutoriales en el mío.
Duré cuatro meses, pero fueron buenos. Pinté un par de cuadritos — unas montañas nevadas, unas mariposas sobre un cielo rosa, una pradera con espátula que guardé en el teléfono como «técnica no sé qué». Y en una de esas noches me saqué una foto con la copa en una mano y el cuadro recién terminado en la otra. Sin saberlo, esa foto ya tenía nombre: vino y pintura.





La noche
De esa racha salió el primer taller, en DEPT: una mesa larga forrada de papel, acrílicos para todos y dos paisajes elegidos de YouTube. Todos pintamos la misma escena — una carpita amarilla bajo la luna, con su fogata — cada uno a su manera.
Fue mucho más libre que lo que vino después: sin reglas, sin turnos, sin puntos. Y estuvo buenísimo. La gente se soltó, se rió, y se llevó a su casa un cuadro que no sabía que podía hacer. Al final quedaron todas las lunas apoyadas una al lado de la otra: la misma escena, y ninguna igual a la otra.




Pausa
Después de esa noche colgué el pincel. Sin ninguna razón en particular — la vida. La pintura quedó en pausa casi dos años.
La revancha llegó en agosto de 2026, con una app en el medio. Esa es la edición #2, y tiene su propia página.